MI
VENAÍTO Y EL NIÑO JESÚS ° 5
Autor:
Jacinto Antonio Martínez García. 2147
Publicado
blogspot el 12 de abril de 2015
¡Ay,
Mi Venaíto! (venadito). Generalmente el 25 de en la madrugada llega
el niño Jesús a nuestra cama, hamaca o cuna para dejarnos un
regalo, que en la medida en que crecemos, ya es condicionado y
depende según haya sido nuestro comportamiento. Es lo que se dice...
¡Bueno!
A pesar de nuestra pobreza, mi papá se las ingenió para que el Niño
Jesús me trajera un venadito de goma inflable, era de color carne.
Unos 15 ó 20 centímetros de alto. ¡Cuánta alegría para mi! No
recuerdo si a mi hermano y mi hermana menores les trajo el niño. Tal
vez mi emoción fue tan grande que no me percaté si a ellos les
trajo. ¿Cuántos años tendría? ¡Verdad, no recuerdo! Mis hermanos
mayores me contaron cuando yo era más grandecito. Lo que si recuerdo
es que jugamos bastante con mi venaíto. ¿Cuánto tiempo jugamos?
Tampoco lo recuerdo. Lo que si recuerdo es que el venaíto
desapareció. Nadie supo de él. Pasado los días aquel venaíto se
olvidó. Y por supuesto, ni mamá, ni papá supieron decirme qué se
hizo mi venaíto.
Pasaron
los meses y nadie supo más del tierno animalito que me trajo el Niño
Jesús aquel año. El almanaque se deshojó y trajo otra vez al mes
de diciembre y por supuesto el 25, día de la Navidad que empezó con
la alegría del 24 Noche Buena ¡Milagro! ¡Qué milagro más
maravilloso! ¡El niño Jesús me trajo el venaíto! ¡Y era el
mismo! ¡Cuánta emoción! Jugué con mi venaíto, con mis hermanos.
Y pasamos horas jugando hasta que nos cansamos y lo dejamos por allí.
Cuando lo busqué para jugar nuevamente, el venaíto había
desaparecido. Mis padres tampoco supieron nada del animalito y nadie
lo vio más.
Pasaron
los meses y llegó diciembre otra vez y con él; El Niño Jesús
llegó a mi hamaca nuevamente y me dejó un regalito. ¡Gritos de
emoción! ¡Claro, el Niño me había traído el venaíto perdido!
¡Papááá, mamááá el Niño Jesús me trajo mi venaíto! Mis
padres también se contentaron bastante con mi alegría. Mis
hermanitos también se alegraron y jugamos con mi venaíto, que lucía
como más gorditos y más bonito. ¡Ay, Mi venaíto tan lindo! Y es
que no nos cansamos de jugar. Hasta quién sabe cuando lo dejamos por
ahí. Eso sí, mis hermanitos me dijeron vamos a amarrarlo para que
no se escape. Y lo amarramos con una cabuyita en la pata de la cama
de mamá y papá y nos distrajimos en otras cosas de muchachos.
Cuando recobramos las ganas de jugar nuevamente con el venaíto, éste
se había soltado, quien sabe donde se fue. El hecho es que mis
padres y hermanos mayores no lo vieron... ¡Se escapó mi venaíto
una vez más...! Esto se repitió varios años... Pero un diciembre
el niño Jesús no vino a mi hamaca porque ya yo era grande, unos 8
añitos, así me dijeron papá y mamá. Un día... De enero o
diciembre, no recuerdo, apareció muerto, desinflado. ¡Bueno! se le
salía el aire que papá le soplaba con la boca. Recuerdo que lloré... Pero pasó y en verdad no supe más de mi venaíto.
¡Y
vena, vena, venado este pote ha terminado!
Aprendizaje:
Saber
tener nos refuerza el sentido de pertenecia. Quien cosa nunca ha
tenido y cosa llega a tener le parece una gran cosa la cosa de su
querer.
(Refrán
de mi papá, el decía: mujer, en vez de querer, como escribí).
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