EL NIÑO PÍO
Autor: Jacinto Antonio Martínez García. (2147)
Publicado: El 27 de marzo de 2016
(Escrito-terminado el 17 agosto 2015* 03:31 p.m.)
¿Sabe? Difícil que sepa porque usted y yo no crecimos juntos. Recuerdo cuando era niño-adolescente, si porque, aunque usted no lo crea, yo también fui niño. Tendría unos doce o trece años y había regresado de vacaciones desde la Ciudad de Carúpano, donde mis padres me pusieron a estudiar, al caserío Las Palomas de El Pilar, donde vivía con mis Padres. Cursaba primer año de bachillerato. Pues mi papá había hablado con mis dos hermanos mayores y les dijo vamos a poner a (Chinto) Jacinto Antonio a estudiar pa'ver que sacamos de él. Y fue así como salí a estudiar el tercer grado en El Pilar.
Después de varios meses sin vernos, siempre era un emocionante reencuentro con mis padres, hermanos y hermanas, los y las muchachas de mi edad, amiguitos de la infancia.
No parábamos de contarnos cosas, ellos y ellas de las peripecias y tantas necesidades que vivíamos en el caserío Las Palomas, sin carretera, sin luz eléctrica y sin agua que la buscábamos en taparos en el riiito cercano, íbamos en burro o a pies... Y yo contaba las aventuras que vivía en esa Ciudad desconocida para un campesino. ¡Cónchale vale! Pero entre tanta escasez tuvimos una infancia alegre, feliz. No sabíamos del consumismo citadino y si lo hubiéramos conocido como valor, hubiéramos sufrido mucho por la pobreza en que vivíamos, propia de los caseríos abandonados por los gobiernos verdiblancos que se turnaban en la Presidencia cada cinco años. En aquel tiempo, no existíamos para esos gobernantes distritales, estadales y mucho menos nacionales.
Después de varios meses sin vernos, siempre era un emocionante reencuentro con mis padres, hermanos y hermanas, los y las muchachas de mi edad, amiguitos de la infancia.
No parábamos de contarnos cosas, ellos y ellas de las peripecias y tantas necesidades que vivíamos en el caserío Las Palomas, sin carretera, sin luz eléctrica y sin agua que la buscábamos en taparos en el riiito cercano, íbamos en burro o a pies... Y yo contaba las aventuras que vivía en esa Ciudad desconocida para un campesino. ¡Cónchale vale! Pero entre tanta escasez tuvimos una infancia alegre, feliz. No sabíamos del consumismo citadino y si lo hubiéramos conocido como valor, hubiéramos sufrido mucho por la pobreza en que vivíamos, propia de los caseríos abandonados por los gobiernos verdiblancos que se turnaban en la Presidencia cada cinco años. En aquel tiempo, no existíamos para esos gobernantes distritales, estadales y mucho menos nacionales.
El caso es que en esta vacación escolar fui a la casa del señor Pío, un hombre de estatura normal, frente amplia hacia calvo, nariz perfilada, jocoso, bullanguero, mamador de gallo, alabador al máximo de sus hijos que siempre descollaban mejores características que los demás niños, según él, y era válido eran sus hijos. Cuando llegué a su casa, él me dijo: mira Jacinto tú nada más, no sabes leer, Nenito también sabe leer. Nenito era un niño de unos 4 o 5 años. Y llamó a Nenito y le dijo: trae el libro. Un Libro con el que estudiamos primaria, creo recordar su autor era Alejandro Fuenmayor y el título: Mi Primer Libro de Lecturas de Primer Grado. Tenía muchas lecturas. El señor Pío dijo a Nenito: Leéle a Jacinto: La Cucarachita Martina y Ratón Pérez. El niño abrió el libro en la página exacta y comenzó a leer. Leía muy bien y cuando tuvo que cambiar la página lo hizo donde tenía que hacerlo y cuando necesitó volver a cambiar lo hizo con la misma destreza hasta llegar a su fin. ¿Viste Jacinto? Y le dijo a Nenito otra vez: ahora lee: La zorra y el conejo... Y el niño buscó la lectura en el libro en la página correcta y empezó a leer. Cuando Nenito terminó. Llamé al Sr. Pío aparte y le dije ese niño no sabe leer. ¿Cómo que no sabe leer? ¿No has visto como leyó? Agarré el libro y lo abrí y le dije Nenito: Por favor lee Sofá y abrí el libro en la página con lectura de la Mesa y el niño empezó a leer el Sofa en la lectura de la Mesa.
El Señor Pío me preguntó: ¿Cómo supiste, si nadie se había dado cuenta? Le expliqué.
Y ara, ara, guato aquí terminó este relato.
Mensaje: En esta anécdota se cumple: En el país de los ciegos el tuerto es rey.
Comentario: Es sorprendente cómo el padre de Nenito, el Señor Pío, un campesino por el deseo de superación para su hijo logró que su niño sin saber leer y tal vez sin conocer las letras pudiera aprenderse semejantes lecturas y con la precisión de buscar y cambiar de página cuando debía hacerlo. Y todavía más admirable que Nenito haya memorizado tantas lecturas.
El Señor Pío me preguntó: ¿Cómo supiste, si nadie se había dado cuenta? Le expliqué.
Y ara, ara, guato aquí terminó este relato.
Mensaje: En esta anécdota se cumple: En el país de los ciegos el tuerto es rey.
Comentario: Es sorprendente cómo el padre de Nenito, el Señor Pío, un campesino por el deseo de superación para su hijo logró que su niño sin saber leer y tal vez sin conocer las letras pudiera aprenderse semejantes lecturas y con la precisión de buscar y cambiar de página cuando debía hacerlo. Y todavía más admirable que Nenito haya memorizado tantas lecturas.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario