lunes, 2 de marzo de 2015

LA FAMILIA MUGRIENTA

Título: LA FAMILIA MUGRIENTA
Autor: Jacinto Antonio Martínez García. 2.147

¿Sabe? ¡Así! Usted me lee el pensamiento sin contarle. Cierta vez, y es verdad, si usted lo cree
Vivían debajo de un puente, un hombre y una mujer con tres hijos, él, él era un recoge lata y desperdicios para medio vivir, salía bien temprano a su trabajo, que poco a poco había ido tomando en serio. Ella, ¡Ah, sí!, Ella era un mugrienta esposa.
¡Claro! Que pasaban mucha hambre y sed... Y por supuesto, su olor, no era nada agradable.
¿Qué?
¿La apariencia dice usted, amigo lector?
¡Ah!, Bueno, ¿Su apariencia?… Aspecto de un loco más, de esos que andan por una de nuestras calles y que hace tiiieeemmpo hemos enterrado con nuestra indiferencia. ¿De ropa? Suucio... Eso sí, siempre peinadiito, aunque se podía notar que sus ropas alguna vez era lavada con puura agua.
Cuando salía, la Mujer, lo despedía con buenos deseos, unos beeessos y la Santa Protección; él a su vez, la besaaba, y bendecía, además, a sus niños que aún dormían.
Cuando regresaba a casa era bien recibido por un armonioso y sonoro trío:
¡Bendición Papá! Y por supuesto un cálido, sentido, tierno y deseado abrazo, y de ñapa, un ósculo de su mugrienta Señora… A tales manifestaciones, él respondía con la misma intensidad y quién sabe sí aún mayor.
Sacaba de un saco, algunos panes duros por allí recogidos, una lata de manteca de esos que llama los tres marranitos, se la entregaba a la Mamá de sus hijos, para que repartiera el suculento “sobrado” que había sacado de los pipote de basura.
¿Quééé?
Bueno, restos de pollo, pescado frito, espagueti, papita frita, pizza y otras especialidades…
Uuuhhmm, uuhmmm. ¡Qué rico, Paíto!, ¡Qué rico!… Dame mááás, Mamá… Todos satisfechos.
Al acostarse, los niños rezaban, lo que oralmente les habían enseñado sus Padres y se oía nuevamente el agradable concierto: ¡Bendición Papá! ¡Bendición Mamá! Los mugrientos Padres al acostarse, al unísono decían: Señor, Gracias por Bendecir mi Hogar y porque nunca nos falte el Pan Nuestro de cada día.
¡Cuánto respeto! Practicaba Papá hacia sus Hijos y Esposa, y estos con él. Todos se respetaban y cumplían cada uno con las responsabilidades de cada uno.
En otro lugar del mundo vivían un hombre y una mujer, muy ricos, tan ricos, que su casa era un palacio, con toodas las comodidades y tecnologías habidas… tenía tres hijos y estos cada uno poseía, su propio carro último modelo y de la marca más cara, hasta disponían de helicópteros, aviones, para almorzar en Londres y cenar en Caracas, cuantas veces así lo dispusieran sus gustos o compromisos de amistades o de negocios. ¡Waauu! En verdad que eran ricos.
¡Ah!, En su palacio tenían cualquier cantidad de personas que le servían hasta para lo más mínimos caprichos o necesidades.
La señora, la mamá, la esposa, siempre estaba ocupada con las múltiples reuniones con sus amigas de la sociedad. El esposo, el papá, bueno, asistía a todas los compromisos de sus empresas, reuniones, talleres, convenciones, usted sabe, responsabilidades ineludibles, ¿Los hijos? Si... Cada uno hacía lo me mejor le gustaba y en compañía de “grandes amigos y amigas”. La Señora no tenía hora de llegada a su casa. Su esposo, las tareas mercantiles le impedían comer junto a sus hijos, quienes generalmente lo hacían en grandes restaurantes, donde botan bastante comida, porque los comensales la dejan, piden demasiado y no se la comen, y como desperdicios la lanzan en grandes pipotes, de los que, algún latero o loco de calle los sacan para comer. Al acostarse cada quien lo hacía en horas diferentes, y en cuanto a agradecer a DIOS o rezar no tenían tiempo para eso, pues llegaban muy cansaados.
¿Amigo lector, en cuál de estos grupos hay familia?

Escrito por: Jacinto Antonio Martínez García.
Caracas, Domingo, 17 jun 2012. 03:49:57 pm

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