Título: TURISMO ECLESIÁSTICO
Autor:
Jacinto Antonio Martínez García. 2.147
¿Sabe? … No creo, porque ahora es cuando le voy contar…
Bueno, ahora con motivo de la Semana Santa, tal como lo hace bastante
gente, cierta persona salió el Jueves Santo en la tarde, a visitar
las 7 Iglesias. ¡Usted sabe! Por eso de la tradición, costumbre o
por fe y creencia en DIOS, nuestro SEÑOR JESUCRISTO; además a
nosotros nos encanta. ¡Claro! Particularmente a esta persona; ir a
conversar con ÉL y con las estatuas de yeso o madera, que hay en las
iglesias, a sabiendas que éstas no son DIOS, ni la Virgen, ni ningún
Santo que se le parezca; además no se debe adorar imágenes… Pero
en verdad, sí nos inspiran, un algo especial aquí dentro, y nos
hacen recordar la MAJESTUOSA E INSONDABLE MISERICORDIA DE DIOS que
para quienes creemos, esta es infinita, abundante y nunca nos será
negada.
Pero bueno el caso es, que en una de las entradas a estos templos
después de colgar toda la ropa, incluida la interior, en los sitios
dispuestos para ello que hay cerca de las puertas; allí hay
suficiente colgadero de ropa para quienes van entrar. Y entren
imaginariamente desnudos... sin apariencias.
Justo en el pórtico de la Iglesia se tropezó sin culpa y hasta
empujó a una señora, que bien pudo haber sido la mamá - o su mamá
amigo lector - disculpado siguieron su camino… Cuando estaba
hablando con una de las representaciones divinas - una estatua volteó
y allí estaba la señora al igual que él, con una cara de saaanta
heeermooosa.
Siguió andando y la dejó allá, con su pose, o real acto de
reflexión.
Estaba concentradito en su conversación alabando, agradeciendo y
pidiendo salud y tranquilidad para todos sus conocidos y por supuesto
para la familia y para él… Cuando vio, se dio cuenta, allí estaba
la señora…buscó visualmente a su esposa que andaba con las
niñas, alzó el brazo y con la mano en alto hizo señas para
indicarle por donde se encontraba, pues él llevaba cargado al
niño…allí estaba otra vez frente a otra imagen solicitando
favores, al volver la vista… La señora, otra vez … Bueno, esto
se repitió durante todo el recorrido dentro de la Iglesia… Le dio
pena y apuró el paso y fue derechiiito al Corazón de Jesús su
imagen favorita… Con expresión de inocente criatura conversó con
ÉL, le contó algo que le solicitó le explicara, se pusieron de
acuerdo… Y al despedirse…Otra vez la señora… Salió del templo
y al no ver a su esposa e hijas… Mientras se vestía junto a los
que dejaban sus ropas para entrar a la Iglesia, esperó a su familia
que saliera… Al voltear; nuevamente vio a la señora que era
saludada por otra que venía para este Templo, ambas en un derroche
de emoción:
- Hola!, Ingrid, ¡Qué alegría verte aquí, ¿Cómo te ha ido?
*
¡Hola!, Mi amor!, ¡Qué bueno, verte tan saludable!
¡Oye!
¿Qué es de la vida de Nohelia? Tengo tiempo sin saber de ella.
- ¡Ay! Chica por diiosss acabo de ver esa desgraciaada allá dentro en la iglesia y me revolvió el alma.
¿Cuántas
veces usted ha hecho lo mismo?
Escrito por: Jacinto
Antonio Martínez García.
Caracas, 10 de Abril del
1997. En la Avenida Urdaneta
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