LAS AVISPAS DE HOYO Y EL MACHETE
Autor: Jacinto Antonio Martínez García. 2.147
En una de mis vacaciones escolares, cuando regresé a mi campo, el caserío Las Palomas de El Pilar, Estado Sucre; recuerdo como si fuera ayer esta desesperante experiencia, por salío, por aprontao. Resulta que en una mañana, como a las 10 regresaba Alcides, el nieto de la vieja Julia, una vecina, de buscar leña y llegó blaaanco y llorando...Y al igual que el burro temblaban del cansancio, bañados en sudor por la carrera emprendida a causa de las innumerables picadas de avispas de hoyo que recibieron al pasar cerca de un nido de avispas que recién se habían pegado (anidado) en un hueco del camino. Porque, cuando ellos, el burro y Alcides, pasaron de la casa hacia el lugar donde buscarían dicha leña las avispas no estaban allí, pues de lo contrario los hubieran picados. El burro sudaba amarillo y temblaba. Cuando mi papá los vio, casi gritó: ¿Muchacho que te pasó? Y mi mamá le dio un trapito para que se limpiara el sudor y un pote de agua*. Y los presentes que estábamos allí, oíamos sorprendido el relato de lo sucedido. Alcides resollaba fuerte y casi sin poder hablar, dijo: “Señor Alejo, yo boté el machete, se me cayó y no pude recogerlo, eran muchas avispas, nos picaban por todas partes”. Papá: “No importa mijo, ya veremos dónde quedó tirado ese machete y después se busca”. La mayoría de quienes escuchaban se reían del percance pero sin dejar de oírse de vez en cuando: “¡Toño pobrecito vale, se los comieron las avispas! ¡Y esa bichas que no perdonan si están alborotá y recién pegada, y pa'más si alguien pasa cerca, eso es terrible!” ¡Eso es un infierno! Alcides narraba entre resuello y llanto, secándose el sudor y rascándose más que un mono: “Señor Alejo, El burro salió galanteando, esmachetao cerro arriba y no lo pasé de vaina, por no dejarlo atrás! ¡Nojo, pero que avispero más tibio!... Aquí salí de metiche, de aprontao y empecé a decir en voz alta: “Si es a mi no me pican”, “Si es a mi no me pican”, “Si es a mi no me pasa eso”. ¡Ay, compadre! ¡Ahora si fue que llegó Pablito a Güiria!** ¡Qué vaina más seria! Se tibió mi papá y en voz alta, considero que no me gritó, sino producto de mis impertinencias y lo que yo decía, me dijo: “¡Mire, gran cara... vaya pues, a buscar el machete y aquí no se aparezca sin ese machete! ¡Sino lo voy a joder!” Y trasteó un chaparro para darme mi merecido por safrisco. Y los presentes, que siempre están listo para jochar (dar casquillo): “¡Así es Alejo, que vaya a buscarlo pa'que no sea pende... y lo jodan las avispas! ¡Las madres! ¡Ay, las madres!... Y en especial la mía que era casi Santa: “¡Ten cuidado mijóó y te caes por'ay! ¡Que no te piquen esas bichas que todavía estarán alborotá! Bueno, amigo lector, ante el peligro del chaparro salí como gato perseguío e'perroajeno. ¡Párate pantalón de cuadrito! ¡Nojo, y papá que para cumplir... Era ley! Si papá decía que te iba a dar algo, te lo daba y si te decía que te iba a joder. Hermano, uno no se salvaba, ni que le llevaras un manguito fuera de cosecha. El cumplía su palabra. Cumplía con su ley. En mi carrera no paré hasta llegar al sitio en referencia donde estaba el avispero, que era algo lejos de la casa. Iba rogando a todos los santos que ese machete del sipote estuviera a la vista y lejos de esas fieras. Con la suerte que al detenerme, vi hacia la orilla del camino... Y allí estaba el susodicho, el machete abandonado. Sin pensarlo, corrí, lo agarré y salí como bala recién disparada. Pero no me salvé de unas cuantas picadas, que hicieron que yo dejara la vía y me lanzara por el voladero, el barranco, que está al borde del camino hacia una quebrada cercana. La atravesé. Todavía con el ardor de las picadas y sintiendo que aún me perseguían las ponzoñosas, perdí la ruta y regresé a casa por otro camino, conocido como el camino e' Colón, porque pasaba frente a la casa de ese señor. ¡Cuando llegué! A pesar de las risas de los que aún estaban allí esperando... y eso que tardé bastante... Escuché. ¡Ah, pero lo trajo! ¡Cumplió el hombre, caramba! El merecido regaño de papá. Y a pesar de su dureza; escuché de su boca un tierno y comprensivo: “Te picaron mucho mijóóó! ¡Y mi mamá! Tan bella mi viejita: “¡Ven, para echarte aceite carapa en las picadas, mijóóó, Ven! ¡Aaaaaaah! Qué abraciiito más bueeeno! ¡Abracito sabor a miel! Y algunos besitos mientras pasaba sus manos por mi cabecita... Sus manos que curaban todo.
Y lapa, lapa, lapa, hasta aquí llegó la lata!
Aprendizaje: “Quien se ofrece paga las consecuencias”
* Pote de agua: Bueno, era una lata vacía de algún cereal o leche en polvo de la época que se usaba como vaso para tomar agua o algún otro líquido. No recuerdo si era más bien una totumita (la mitad de una tapara de las que se usan para hacer maracas)
** ¡Ahora si fue que llegó Pablito a Güiria! Un dicho, un de refrán para indicar lo difícil de la situación. Pablito, un señor campesino que fue a la Ciudad de Güiria que no conocía y allá lo pasó terrible.
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